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¡MI PERRO COME CACA! LA COPROFAGIA CANINA

Coprofagia canina

No es poco habitual la situación en la que los tutores caninos o propietarios se llevan las manos a la cabeza cuando sorprenden a su fiel amigo comiendo cacas. Cuando esto ocurre, estamos ante un caso de coprofagia, que es la ingestión de heces, tanto propias como de otros perros u otras especies. Se incluye dentro de un tipo de trastorno llamado pica, es decir, la ingestión de materias que no forman parte de la dieta normal del animal.

La ingestión de heces puede indicar que existe, bien un problema orgánico en el perro, o bien un problema conductual. Además, puede tener efectos perjudiciales para la salud del animal, como por ejemplo obstrucciones o transmisión de enfermedades parasitarias.

 

¿Es normal la coprofagia?

La única forma de coprofagia que puede considerarse normal es la que realizan las madres lactantes sobre sus cachorros. Éstas deben activar el reflejo ano genital de los perretes, cuando todavía no controlan sus esfínteres de manera automática, y requieren de estimulación en la zona para poder hacer sus necesidades.

Otro de los motivos por los que las madres ingieren las heces de sus cachorros es para mantener limpio el entorno, ya que eliminando la suciedad disminuyen también los olores que puedan atraer a depredadores.

 

¿Por qué aparece la coprofagia?

Si un perro ingiere heces fuera del periodo de cría, puede ser un indicativo de que algo malo está pasado. Ante la primera señal de alarma, hay que descartar los factores médicos que puedan favorecer la expresión de esta conducta, como la deficiencia nutricional, la parasitosis, problemas pancreáticos o síndromes de mala absorción, entre otros. Por ello, es importante, nada más detectar este comportamiento hacer un chequeo veterinario.

En el caso de que se trate de un problema médico, el propietario o tutor canino deberá hacerse algunas preguntas para poder aclarar el máximo de información posible al veterinario. Algunas de ellas son:

  • ¿Qué heces ingiere el perro? (de otros perros, las suyas, de otras especies…)
  • ¿A qué edad empezó a hacerlo?
  • ¿Ha habido algún cambio en la dieta o alguna restricción calórica?
  • ¿Cuál es el estado de salud del perro? (¿cuánto pesa?, ¿tiene apetito? ¿hace bien la digestión?)
  • ¿Toma algún tipo de medicación?
  • ¿Cómo son las heces? (su consistencia, volumen, apariencia…)
  • ¿Con qué frecuencia ingiere heces?
  • ¿Tiene signos de tenesmo? (es decir, ¿contrae de manera dolorosa el recto a la hora de hacer sus necesidades?)

Tanto en el caso de cachorros como de perros adultos, uno de los factores que favorece la coprofagia es que las heces sean palatables, ya que algunas son apetecibles para ellos, dependiendo sobre todo de la alimentación. Si el animal no ingiere alimentos adecuados, puede que esté falto de nutrientes, lo que explicaría que los busque en las heces.

En el caso de haber descartado problemas veterinarios, la coprofagia se convierte en un problema de conducta. Para diagnosticarlo correctamente,  hay que hacerse una serie de preguntas:

  • ¿De dónde procede el perro?
  • ¿A qué edad llegó a la familia?
  • ¿Cuándo y dónde tiene lugar la conducta?
  • ¿Ha habido cambios en el hogar o en las rutinas del animal?
  • ¿Existen otros signos de pica? (ingesta de otros elementos que no forman parte de la dieta habitual del perro)
  • ¿Hay otros problemas de comportamiento?
  • ¿Recibe la estimulación adecuada?

Si se tienen claras las respuestas a estas preguntas, será mucho más fácil trabajar junto al profesional de la etología para ayudar al perro.

 

¿Cómo se trata la coprofagia como problema conductual?

Una vez haya quedado descartado que la causa  de que el animal ingiera heces es orgánica, hay que indagar para descubrir qué causa la coprofagia. Obviamente, el tratamiento dependerá del diagnóstico al que haya llegado el etólogo, pero hay algunas pautas generales para que no se dé más el comportamiento.

En primer lugar, es vital suprimir cualquier refuerzo que se realice sobre la conducta, y esto incluye eliminar los castigos por hacerlo. Si uno de los factores que causan la coprofagia es el estrés, castigando sólo se causará más estrés. Y no sólo eso, sino que también se premiará el comportamiento de comer heces, ya que se responderá a la demanda de atención que está realizando el perro (sobre todo en el caso de los cachorros). Además, hay que recordar que si se castiga, se actúa sobre la conducta, y no sobre la causa de la misma.

También es importante eliminar el acceso que pueda tener el perro a las heces, sobre todo en los paseos. En estos casos, es recomendable apartar al animal y premiar conductas alternativas, como el “deja” o “suelta”. Incluso, premiarle para que cuando haga sus necesidades le interese más ir a por el premio que a por las cacas.

 

Coprofagia en cachorros

El problema conductual de la coprofagia suele ser más habitual en cachorros. Ingerir heces forma parte de su conducta exploratoria, en la que basan su aprendizaje. También influyen en este comportamiento las condiciones de cría del perrete, por ejemplo, cuando los primeros meses de su vida los pasan en espacios pequeños con poco enriquecimiento ambiental (ocurre con frecuencia en perros que se venden en tiendas de animales).

Los cachorros interactúan con lo que tienen delante, y en ocasiones, lo único que tienen a mano son sus heces, por lo que habría una carencia importante de estimulación para el perro.

Pero no sólo hay que dar una adecuada estimulación al animal, sino que hay que prevenir que ingiera excrementos enseñándole los hábitos higiénicos correctos. Estos perretes suelen hacer sus necesidades después de comer o de despertarse. Por tanto, esos son buenos momentos para llevarlos a la zona que se haya designado para ello (empapadores o periódicos) o que salgan a pasear para que defequen en la calle.

También es recomendable la supervisión en casa, estando en la misma habitación que ellos en el momento que hagan sus necesidades, pero sin mirarles fijamente todo el rato, porque puede generarles estrés.

De este modo, se le ayuda al perro a adquirir una rutina, a regularse, y a que sólo defeque y orine en esos momentos del día.

Dentro de la conducta exploratoria, también es habitual que hasta que tienen aproximadamente 8 meses de edad, se metan todo lo que encuentren en la boca. Cuando los propietarios o tutores caninos le arrebatan sistemáticamente todo lo que el perro coge, alimentan la causa, es decir, no dejan al cachorro explorar, y por tanto limitan mucho su aprendizaje y no cubren una de sus necesidades básicas.

Ante estas situaciones, normalmente, cuando el perro coja algo con la boca, lo meterá cada vez a más profundidad para evitar que se lo quiten. Si aun así se lo “roban”, seguirá cogiendo cosas pero optará por tragárselas, ya que habrá logrado, en primer lugar, la exploración; y, en segundo lugar, evitar la reprimenda. Así, aprenderá a tragar los objetos que coge como estrategia para evitar el castigo.

Lo habitual, si evitamos quitarle las cosas de la boca, es que el cachorro las expulse unos minutos después. Para evitar que coja algo peligroso, podemos enseñarle al cachorro, al igual que en el caso de los adultos, la orden “suelta” o “deja”, en lugar de robárselo.

Con todo, lo recomendable es en casos como estos contactar con profesionales de la veterinaria y de la etología, ya que éstos ayudarán a los propietarios a cubrir correctamente las necesidades del perro y a que se desarrolle de manera sana, equilibrada y feliz.

 

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