El período de impronta (período muy sensible en su aprendizaje)

A la mayoría de personas que convivimos con perros, el objetivo que buscamos cuando introducimos a un animal de este tipo en nuestras familias es poder disfrutar de su compañía y que él disfrute de la nuestra. Para ello es necesario que haya un aprendizaje, en ambos sentidos, es decir, lo ideal (aunque no ocurre siempre) es que aprendamos a conocer las necesidades emocionales y físicas de nuestros perros para poderlas cubrir y que éste aprenda a comportarse correctamente en las diferentes situaciones que se encontrará día a día.

Desgraciadamente, aun existiendo la cantidad de trabajos bibliográficos asequibles a todo el mundo, aún hay un gran número de propietarios que intentan educar a sus perros mediante “ensayo y error”. Este sistema tiene el inconveniente que el error cometido, en ocasiones, puede ser irreparable. Esto ocurre especialmente en el período de impronta. Si durante este período se comete algún error grave, podemos obtener perros adultos con problemas de agresividad, hiperactividad, fobias, estereotipias, problemas gástricos y un largo etcétera.

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Hay que tener en cuenta que los diferentes comportamientos del perro dependen en parte de su herencia, pero en gran medida de las experiencias que viva durante su desarrollo.
Podemos definir el período de impronta como “un espacio de tiempo más o menos delimitado, que sucede por lo general en una etapa temprana del desarrollo, y durante el cual un determinado aspecto de la conducta se ve influido de forma especialmente notable por la acción de determinados factores de naturaleza externa e interna” (Iglesias y Serrano, 1997). El hecho que unos agentes externos determinados afecten más o menos a la conducta del individuo dependerá de la intensidad y frecuencia en que aparezcan estos estímulos y la predisposición genética del animal a gestionar influencias externas.

El período crítico determina el desarrollo del comportamiento que presentará el individuo durante toda su vida futura (Van der Kloot, 1968). La adopción del término período crítico al estudio del comportamiento vino de la mano de Konrad Lorenz con el descubrimiento del fenómeno de impronta o troquelado.

Por este descubrimiento, Konrad Lorenz fue Nobel de Medicina en 1973.
La duración del período de impronta varía de unas especies a otra y así como en los patos es de unas horas en los perros es de 3 o 4 meses.
La definición de período crítico realizada por Konrad Lorenz destaca dos aspectos fundamentales: a) la delimitación temporal precisa de la influencia de la estimulación y , b) la irreversibilidad de las cambios conductuales. De ahí el uso del término crítico. El término «crítico» se refiere principalmente a las especies precociales. Para las especies altriciales (las que tardan tiempo en madurar), deberíamos hablar de período sensible de socialización.

Por lo que he podido comprobar personalmente a través de mi experiencia como educador canino es que problemas de conducta cuya causa está en una maduración incorrecta en el período de impronta son muy difíciles de solucionar de forma completa. Es decir, un perro con agresividad a otros perros debido a la fobia que le produce ver otros perros (al no haber conocido perros en edades tempranas los ve como un estímulo desconocido y por tanto, potencialmente peligroso) podemos llegar, con un tratamiento adecuado (que a veces se dilata varios meses pero que realmente nunca acaba de terminar) a que pueda tolerar la presencia de otros perros sin llegar a reaccionar pero será complicado conseguir que adquiera buenas habilidades sociales. Un perro que ha recibido muchas atenciones en este período, buscará este contacto el resto de su vida. Un can con el que se haya jugado excesivamente permitiéndole que se excite sin control cuando era cachorro, siempre tendrá un grado de excitabilidad desmedido ante estímulos que le recuerden al juego…
En el período de socialización el perro aprenderá a qué especie pertenece, cuáles son las especies amigas, cómo comunicarse, cómo organizar y regular sus comportamientos para luego aprender a integrarse en el grupo social y cómo volverse autónomo (apego y desapego). Es, por lo tanto, un período de la vida del perro que debe vigilarse correctamente y cuyo parámetros deben dominarse perfectamente para no cometer errores que perduren en el tiempo (Meder, 2001; Pageat, 2000 a).


Según Davis (1966) y Pongráez y col. (2003), el comportamiento del perro tiene que ver con una respuesta a una situación ambiental . Las actividades relacionadas a su ambiente son un estímulo constante para él, lo que exige un ajuste continuo al hábitat y, a través de este ajuste, la supervivencia del individuo. Los lóbulos corticales (parte del cerebro que traduce la información del exterior y que coordina las respuestas del individuo) del perro están mucho más desarrollados que los de otras especies domésticas, como el gato, y por tanto lo capacitan para desarrollar el lenguaje basado en la comunicación oral, odorífera, en expresiones faciales y en posturas corporales, necesarias para conformar comportamientos cooperativos para las cacerías, reproducción y defensa. Incluso el lenguaje lo capacita para una más amplia interpretación cognitiva de las emociones de otros individuos dentro del grupo y facilita la predicción de su comportamiento. Esto, a su vez, le permite al perro modificar su comportamiento con mucha flexibilidad en respuesta a sus emociones o a la de los integrantes del grupo. Esta enorme flexibilidad del perro le permita establecer relaciones similares y niveles de cooperación con el ser humano (Neville, 1998).

Podéis ver un pequeño ejemplo de cómo se comunican los perros en el siguiente enlace: Señales de calma by Eurekan!

El primer aprendizaje social se realiza en el seno de la camada, junto con sus hermanos y la madre, por ello, lo ideal es que el cachorro conviva con sus hermanos hasta cumplir las 8-10 semanas de edad.

Por tanto, si queremos que nuestro perro no desarrolle un problema de dependencia y posible ansiedad por separación, agresividad a perros o personas, estereotipias, baja tolerancia a la frustración, hiperactividad, autocontrol en la intensidad de la mordida, autocontroles varios… es esencial que sepamos qué rutinas debemos llevar con nuestro cachorro, cómo debemos presentarle las diferentes situaciones que se encontrará de adulto, cuál es la mejor manera en que debemos informarle de los comportamientos aceptables para una convivencia en armonía en nuestro núcleo familiar, etc.

Newland (1977) asegura que los perros no dejan de aprender una vez finalizado el período de impronta, pero sí deja en claro que este es el período de mayor importancia en el futuro desarrollo del perro adulto. Por lo anterior, es muy importante hacer buen uso de esta etapa.
Si realizamos un esfuerzo extra durante esta etapa y hasta que nuestro perro tenga el año de edad, el trabajo que deberemos realizar a partir de esa edad será nimio si lo comparamos con el esfuerzo a realizar para paliar algún error, en etapas tempranas de maduración.

Sobre este tema podéis encontrar una intervención en la radio siguiendo el enlace. Programa del 27/12/2011.

BIBLIOGRAFÍA
Ariel Cristian Navarrete Pérez. Valdivia-Chile. 2004. El período de impronta en los cánidos domésticos (Canis familiaris). Universidad Austral de Chile. Facultad de Ciencias Veterinarias. Instituto de Patología Animal.

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